Primero, una risita;
después, una risotada;
finalmente ¡ Una inmensa carcajada !
Mientras en lo alto del cielo, una luna barriguda se moría de risa con las cosquillas que la lechuza le hacía.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. Las Naciones Unidas han proclamado extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar.
¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Al fin del milenio vamos a clavar los ojos mas allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
El aire estará limpio de todo veneno que venga de los medios humanos y de las humanas pasiones.
La gente no sera manejada por el automóvil, ni sera programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro mas importante de la familia, y sera tratado como la plancha o el lavarropas.
La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.
Se incorporará a los códigos penales el delito de la estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomas, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encantan que las hiervan vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá mas remedio que declararse en quiebra.
La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quien puedan pagarla.
La policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
Una mujer negra será presidenta de Brasil y otra mujer negra sera presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú.
En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán el ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de amnesia obligatoria.
La perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última, y cada día como si fuera el primero.
Ojos cansados se van secando. Ya no quieren mirar . ( y en el cielo las estrellas ) Si ya se vá, no se haga ningun problema. Solo deje la puerta abierta, y un vinito pa` brindar.
[Que en el baile de la vida, solo nos queda bailar ]
Hay un gato que tiene plumas, en su boca hay una canción. Es el ave gris de mis sueños, me descuide y se lo morfó.
Yo no quiero que el mundo entero se vuelva perro. Y le digo no a los amores perros que por un hueso pueden romperte el corazón. Hay un perro que tiene hambre, y esta ladrando esta canción. Ese perro ya esta perdido, ya lo conozco, ese soy yo. La mañana huele a humedad. Los trenes que pasan la hacen gris. Es la hora naranja. Es la hora violeta en que el mar se come al sol. El mundo se frena, y en mi cabeza solo hay una canción.
Sembrar semillas. Esperar.
Nunca dejan de crecer, aunque no lo veamos.
Toman de la tierra y de la vida lo que necesiten. Se nutren.
Eligen su camino. Algunas crecen para abajo. Y luego suben.
Otras se quedan enterradas, y solo muestran pequeños tallos, ínfimas hojas verdes que llaman la atención.
Siempre es bueno tener tiempo para detenerse a ver. Y así descubrir pequeños detalles que la tierra esconde con el fin de proteger. Sólo espera que llegue el momento indicado para descubrirse y comenzar a vivir. Desenterrarse. Liberarse.
Si se pasa demasiado tiempo en la oscuridad, hundido bajo tierra, los gusanos invaden y carcomen desde adentro. A veces pasa esperando a que algo nos recoja. A veces eso no sucede.
La naturaleza es sabia. Y de ella se debe aprender.
Podemos crear nuestras propias semillas, y sembrarlas a tiempo.
Para el momento en el que nos comenzamos a podrir, liberarlas.
Y así poder permanecer.
Y, en lugar de sonrisa Una especie de mueca. ¿cómo no imaginarte, Cómo no recordarte hace apenas dos años? Cuando eras la princesa de la boca de fresa.
Pero, al fin, mi delirio incontinente
se ha visto, a fuego fatuo, cocinado...
- Maldito sea el gurú que levantó entre tú Y yo un silencio oscuro.