JOSÉ Luis Castro, el carpintero del barrio, tiene muy
buena mano. La madera, que sabe que él la quiere, se
deja hacer.
El padre de José Luís había venido al Río de la Plata desde
una aldea de Pontevedra. Recuerda el hijo al padre, el ros-
tro encendido bajo el sombrero panamá, la corbata de seda
en el cuello del pijama celeste, y siempre, siempre contando
historias desopilantes. Dónde él estaba, recuerda el hijo,
ocurría la risa. De todas partes acudían a reírse, cuando él
contaba, y se agolpaba el gentío. En los velorios había que
levantar el ataúd, para que cupieran todos- y así el muerto se
ponía de pie pra escuchr con el debido respeto aquellas co-
sas dichas con tanta gracia.
Y de todo lo que José Luis aprendió de su padre, eso fue
lo principal:
- Lo importante es reír - le enseñó el viejo -
Y reír juntos.
Eduardo Galeano.
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